Vocación vs Responsabilidad.
Toda persona que realice una labor, la que sea, necesita
descansar. Hasta quienes no trabajan o quienes se ejercitan físicamente o
juegan en un teléfono necesitan un descanso, es una exigencia del cuerpo y la
mente. Sin embargo, no todos descansamos de la misma manera, ni en los mismos
tiempos.
Quienes nos formamos en décadas pasadas en alguna firma de
contaduría importante, recibimos enseñanzas muy productivas que en su gran
mayoría provenían de los gerentes y socios de la propia firma. En nuestro
mundo, trabajar allí daba estatus, se pasaba a ser parte de un selecto grupo,
era casi elitésco; algo así como mirar a un médico, pero eso tenía un alto
costo en sacrificio personal y laboral. La mayoría de las personas que entraban
en esas firmas sabía del nivel de exigencia que tenía pertenecer a esas
organizaciones; quien no daba la talla, en uno o dos años ya no estaba.
Allí era mandatorio adaptarse a un tren de trabajo
especial. Se debía tener mucho interés, aguante y fortaleza para luchar con
la presión; era una eterna carrera contra el tiempo que, por supuesto, generaba
angustia y ansiedad. Los niveles de rotación eran muy altos, en 1.984 entramos
unas 100 personas y dos temporadas más tarde quedaba menos de la mitad, esto
estaba concebido así en este negocio. Todo el que ingresaba pasaba por un
riguroso filtro: la firma no solo tenía interés en gente preparada, también le
interesaba que soportara el fuelle.
Para que tengan una idea de lo “particular” que era, cuando
fui a mi primer cliente el encargado del trabajo revisó mi horario de clases de la
universidad y me dijo serenamente: "A estas tres materias NO vas a ir, o
al menos no todos los días que te toca, aquí vas a aprender más que en la
universidad". Yo no protesté, callé mi boca, aunque no mi mente, para
rumiarlo; pocas semanas después empecé a entender que esa era la rutina de la
profesión que escogí, en ese tipo de empresas. La alta rotación era un factor
previsto; era consustancial a la naturaleza de esta actividad.
Entre mis descendientes directos hay un médico
especialista en cirugía general, que además de ejercer su profesión, es docente universitario y atiende
alumnos y residentes de postgrado. Su formación como especialista fue en uno de
los hospitales más grandes disponibles, donde tuvo elevados estándares de
exigencia y altísimos niveles de presión, algo que sabía muy bien antes de
ingresar. Era muy duro ver cómo enfrentaba los sacrificios en el posgrado. En
ocasiones pasaban días que la familia no le veía la cara; apenas hablábamos por
teléfono o cuando íbamos a medianoche a llevarles comida al hospital. Los
equipos a los que pertenecía recibieron y resistieron una formación férrea, que
alguien diría exagerada, pero eso le ayudó a formar carácter y a
"aprender en vivo": no solo de un libro, sino tratando, hablando,
conociendo y tocando a los pacientes, había una empatía especial y necesaria, hasta
compartía sus alegrías y sus tristezas. Hoy, estudia para estar al día, trabaja
con y para sus pacientes, y además lidia con sus estudiantes. Tristemente, nota
que estas nuevas generaciones de estudiantes de medicina, en un buen
porcentaje, no han entendido dónde se han metido.
Cambios de carácter o lugar equivocado.
En los últimos dos o tres años, en Colombia, ha habido una serie
de eventos protagonizados por algunos estudiantes de medicina que acusan a sus
profesores o superiores por malos tratos, por ser demasiado exigentes, por
tener que cumplir turnos prolongados y no tener días de descanso después de una
guardia. Yo no estoy diciendo aquí que no tengan derecho al descanso, ni más
faltaba. El tema es que la profesión que escogieron es así, el sistema de
salud es así. Las exigencias de los pacientes son extremas y una
enfermedad, un accidente o una emergencia no espera, puede costar una vida.
¿Pueden ustedes imaginar a un astronauta con
claustrofobia? Y que tal un soldado o policía de inteligencia en zonas de
conflicto como Nariño, Cauca o Norte de Santander, diciéndole a su jefe:
"Listo sargento, ya tengo 12 horas aquí, nos vemos pasado mañana".
Igual no puede un médico dar por terminado su turno si justo en ese momento
llega un paciente que necesita atención y es necesario llevarlo a quirófano;
"tiene que hacerlo", para eso estudió. Además de ser un tema de
humanidad, esa es la carrera que escogió, como lo hizo el militar o el policía
que se mete en el monte.
Aquí es donde yo pregunto a esos estudiantes y a sus
profesores: ¿Cómo van a aprender a manejar situaciones complejas si no las
viven? ¿Cómo pretenden ser excelentes médicos si no se esfuerzan? Los
atletas se forman en la pista, corriendo hasta el cansancio, con constancia y
disciplina, hasta que ellos mismos se superan; no tienen un horario de salida,
solo tienen una meta. El que no resista el trote, sencillamente cambie de
circuito y dele la oportunidad a otro que si pueda.
Conozco médicos que tomaron caminos menos críticos; hoy son
maravillosos dermatólogos, otorrinos y neurólogos. Otros son patólogos
forenses, donde no hay emergencias. Todo eso está muy bien, se necesitan
médicos de todas las especialidades. Sin embargo, en determinadas áreas de la
medicina, como la de los intensivistas, cirujanos, obstetras,
anestesiólogos, etc., el sacrificio adicional, las malas noches, los turnos
nocturnos y los extendidos, que ciertamente son muy mal pagados, son inherentes
a la profesión.
Permisividad e Inconveniencia
Siendo así, no es posible permitir que estudiantes que no sean capaces de resistir la presión y de aprender a entregar parte de sí mismos para salvar una vida lleguen a ocupar estos puestos. Las universidades, por tanto, deben ser extremadamente estrictas primero en la selección y luego en el seguimiento durante la formación de esos futuros especialistas. ¿Se montarían ustedes en un avión sabiendo que el piloto tiene miedo a las tormentas y que no ha completado las horas de vuelo requeridas?
Resulta perjudicial y poco recomendable que personas que no
están realmente preparadas o no son aptas accedan a estos cargos, e incluso
obtengan su titulación cumpliendo apenas con unos "estándares
mínimos".
Quien no tenga la vocación, quien realmente no tiene un
llamado firme para cosas tan serias, no debe tomar ese camino, ni
dejarse presionar por sus padres. Las facultades de medicina NO pueden darse
el lujo de graduar médicos que no tienen la vocación y la aptitud para ello,
que no soportan la presión o no quieren soportarla, porque de eso también hay.
Cambios en el Sistema o en las Expectativas
Si bien el sistema probablemente necesite varias correcciones, no estamos hablando de suavizarlo para adaptarlo a
quienes no tienen las condiciones. Es sencillamente sincerar las expectativas
sobre los vocacionales, equiparables con el alto riesgo del piloto, el astronauta, el
militar o el policía y esto aplica para todo el personal del sector, no solo
para los médicos.
El delicado tema de la depresión y la ansiedad, que ha sido reflejada en muchos casos conocidos y en otros solapados, también está presente en este gremio. Es bien sabido que hoy día buena parte de la población padece de esta condición mental, muchas veces incapacitante, pero también tratable, cuando se tiene la confianza de expresarlo.
Sin embargo, la presión, más el alto nivel de exigencia y de trabajo, exacerba esas condiciones y el no tomar medidas a tiempo, es lo que realmente ha generado la inclinación al suicidio de algunos estudiantes y repito, la solución no es adaptar el sistema a las "necesidades del sujeto". Es necesario profundizar en cada caso y que estas condiciones no sean ocultadas, no es un pecado sufrir de ello, pero si eso no le permite tener la ejecución profesional que se exige, la misma persona debe convencerse de la conveniencia de seguir o no y de buscar la ayuda necesaria, así mismo, las instituciones educativas deben colaborar con ella y actuar en su beneficio.
Los soldados de cristal no van a la guerra y si participan, lo hacen desde labores administrativas o logísticas, que son igual de importantes, pero nunca toman un fusil.
Por otro lado, la calidad profesional debe primar sobre lo financiero. Es inaceptable que un ingreso eclipse el error de certificar a alguien no totalmente apto, arriesgando vidas, cuando no se excluyen de estos programas a estudiantes que no dan la talla, por temor a demandas o porque representan una fuente de ingresos para la institución educativa.
Paralelamente, las asociaciones gremiales médicas y las academias deben asumir un rol proactivo para dignificar el entorno laboral, asegurando mejores compensaciones salariales y una deseada reducción de las extenuantes jornadas ininterrumpidas. Es imperativo que el sector salud, quienes lo viven y conforman, tomen las riendas de estas reformas, en lugar de delegarlas a la esfera política, donde históricamente se han diluido.
Eduardo J. León Hernández
Noviembre 07, 2025

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