El Mindfulness, básicamente enseña a vivir aquí y ahora. Usa técnicas donde se trata de estar en el presente, buscando acabar con la ansiedad del futuro y la depresión del pasado. Podemos decir que no es nada nuevo, el propio Jesús nos lo dice en Mateo 6:34.
El Sexfulness o la sexualidad consciente, es lo mismo, pero aplicado a
una actividad especifica, al sexo, buscando vivir a plenitud esa experiencia,
no otra. En palabras llanas, es bajarte de la carrera por el orgasmo para
disfrutar de todo el paisaje. Es aplicar “el aquí y el ahora" en la
intimidad. Es vivir el encuentro sin presión, sin pautas preestablecidas, sin
un guion de película, un evento donde no hay prioridad, donde tampoco es
necesario “llegar” en un momento u otro, según los estereotipos sociales, eso que
nos han dicho. Es disfrutar el trayecto sin obsesionarse con la meta.
Esas ideas
vinieron a estas letras luego de una conversación con un amigo sacerdote muy
cercano. Me comentaba del efecto que estaba teniendo en las relaciones matrimoniales
el uso de la pornografía durante el “acto”, ya que un alto porcentaje de las
mujeres que buscan su orientación, se quejan de que sus parejas no logran una
erección si no ven una porno. En otras palabras, no los excita su pareja. La
levantada se la causan quienes actúan en la película, sus posiciones, los
tiempos y los tamaños, cosas que tristemente en muchos casos no son tan ciertas,
que forman parte de una cinematografía elaborada para generar millones de dólares y muy
bien diseñada para convertirse en lo que este amigo llama la “Cocaína de los
Ojos”.
Estudios realizados
por diferentes entidades han tratado este tema desde hace décadas y aquí les
dejo los enlaces de algunas de las publicaciones que revisé y que les
recomiendo que también vean, al menos una, para tener más detalles: Institute for Family Studies (2018): https://goo.su/WkFvS
, Brigham Young University (2023): https://goo.su/n7cLPmG
, ResearchGate (Revisión Histórica 2025): https://goo.su/w7ascX8
, ResearchGate (Mesch / Vínculos en jóvenes 2009): https://goo.su/sn8Oz y Utah State University (2023) https://goo.su/9wQlh
Los efectos de la pornografía de hoy sobre la mente del ser humano son impresionantes y las repercusiones en la vida de las parejas afectadas por este vicio es de mucho cuidado. No quiero pasar por aquí con esto y dármela de “Santurrón”, como me llamó alguien en una discusión de WhatsApp referida a otro tema, yo reconozco que la tentación de ver estas películas la he tenido al frente y eventualmente he caído en ella (ya estoy viendo a escribas y fariseos con las manos llenas de piedras); dificulto que persona alguna de que las que leen esto nunca han visto al menos una. Lo importante es no haber sido afectados por esa Cocaína Visual y no estar sumergidos en ella, sin notar los nocivos efectos que puede estar causando, la soledad que genera, el impacto negativo en la estabilidad de la relación con su pareja, que puede llevar a la infidelidad, así como la insatisfacción con la pareja, producto del "efecto contraste", al comparar los atributos de su consorte con los mostrados por esos actores y actrices.
En el caso de los jóvenes, el consumo de la pornografía está produciendo una muy débil (a veces nula) interacción social, así como la desvinculación de quienes los rodean. Todos estos estudios convergen en que la pornografía actúa en muchos casos como un reemplazo sintético de la interacción personal, que limita el crecimiento de las destrezas sociales y enmascara los lazos afectivos.
Si esto lo unimos al excesivo y universalizado uso de
teléfonos inteligentes, tabletas, más la facilidad de acceder a páginas que
permiten ver “pornografía gratis”, creo que no seremos capaces de dimensionar sus
efectos, mientras que no hagamos una introspección y pensemos por un momento: ¿Estarán
mis hijos, mis nietos o mi pareja viendo pornografía, usando el wifi de mi
casa? ¿Será esa la razón por la cual “consumen tan rápido el saldo”? ¿Estaré yo
mismo consumiendo poco o mucho de esta “mercancía”? ¿Hasta dónde está llegando
este efecto en mí, en mi entorno y que puedo hacer para evitarlo? ¿Es así como
se siente un drogadicto?
Si percibes que te está afectando a ti personalmente, no te lamentes, ni tampoco te des látigo, simplemente concientízalo y busca ayuda, si no te es posible controlarlo. Dejemos el tema religioso a un lado, no es solo llamarlo pecado, es el daño que causa y la clave es el arrepentimiento, es actuar, es sacarse ese vicio de encima. En cuanto a tus hijos y tu entorno familiar, te recomiendo que busques los accesos a esas páginas en el router de tu casa (inclusive en la oficina, de pronto te llevas una sorpresa), los registros de ese equipo te permiten saber quién está accediendo a esos lugares, incluyendo fechas, horas y hasta tiempos de uso; por cierto, el router también te permite bloquearlas. Si crees que es necesario, revisa sus teléfonos, si no sientes que tienes autoridad para ello, la vaina se complica.
Este es un tema sumamente serio que debemos hablarlo con
nosotros mismos en el espejo, con la pareja y con todo aquel que convive con
nosotros, en ocasiones para corregir o para educar y descartar que esté
ocurriendo. Piensa que esto funciona exactamente como una droga, como un
estupefaciente que hace daño y tienes la responsabilidad de encararlo.
Ahora, ¿qué
tiene que ver la primera comunión aquí? En un estudio de 2019 (hace 6 años) de la
Universitat de les Illes Balears, se señala que la edad de iniciación en la pornografía
de los niños españoles está en los Ocho (8) años y no hay razón para no extrapolar
a nuestros países ese dato. La erección del pene de los niños se presenta de
manera más firme a partir de los 8-9 años, lo cual hasta hace coincidir los
momentos, esto, sumado a la información que los niños reciben en la calle y en
la escuela, pero no en las aulas como materia educativa, ni mucho menos en sus
propios hogares, si no de sus compañeros de colegio, de alumnos de algún grado
superior, que obviamente ya han entrado en ese círculo, conforman la tormenta perfecta, si no hay una adecuada supervisión.
Aclaro que este
asunto no es nada nuevo. Anteriormente ocurría y lo común eran revistas con
mujeres fotografiadas como Dios las trajo al mundo, en muy contadas ocasiones, con
películas super 8, que algún atrevido le tomaba prestada a su papá. Los “medios
visuales” del siglo pasado no mostraban escenas tan explícitas como ahora y
mucho menos con una calidad cinematográfica tan nítida. Antes de la
masificación del internet, difícilmente un niño menor de 14 años podía comprar
una revista con desnudos y mucho menos una película pornográfica, por lo que su
desfogo era más usando imágenes mentales, uno que otro picón, y de paso, gastando
media pieza de jabón al bañarse.
También debo
decirles que los estudios revelan que este efecto no solo se ve en los varones,
también algunas, (repito y destaco para no herir susceptibilidades), algunas princesitas
de papi andan en las mismas. A veces en solitario, en sesiones especiales con
sus amiguitas más íntimas, en esas noches de pijamadas o de estudio (no les
digan que yo las estoy tirando para los cocodrilos, por favor). En íntimo, las chicas
normalmente son mucho más liberales que los varones, les afecta menos compartir
desnudos y la inhibición se reduce. Difícilmente conseguirán varones masturbándose
acompañados, las hembras lo hacen sin ningún prejuicio.
Por lo anterior
es que menciono la primera comunión. Algunos niños, muchos o pocos, cuyas
familias profesan la fe católica, empiezan a ver pornografía antes de dar ese
paso tan importante en nuestra iglesia y les genera un fuerte choque mental. Sus
pensamientos no son tan claros en esa edad y probablemente tampoco son capaces
de identificar lo malo y lo bueno, lo deseablemente conveniente y lo nada
agradable para su formación. Viven entre el pecado que están cometiendo y las
hormonas descontroladas que los empujan a las pantallas.
Lo anterior no
significa que por cumplir con ese sacramento no van a caer en ese hoyo, que
puede ser tan profundo como las circunstancias individuales lo permitan.
Tampoco es un tema religioso o que solo afecta a quien forme parte de un grupo
eclesial, esta calamidad, pandemia o desgracia, que está afectando a tanta
gente, de manera acelerada y con valores inconmensurables, producto de la adicción
digital que no creo necesario explicar, es algo a lo que debemos prestar
atención, pero ya, por los niños, por los jóvenes, por nuestras familias y por
cada uno de nosotros.
Esto se debe frenar,
en la medida de nuestras posibilidades y en función de los valores y principios
que cada uno tiene en su mente y en su corazón, para hacer algo por esta sociedad.
Como colofón,
les regalo algunos números obtenidos de la IA, la cual aclara que pueden estar subestimados.
“La industria
del entretenimiento para adultos ocupa un lugar muy significativo en la
economía digital. Para 2026, se proyecta que genere aproximadamente 78,000
millones de dólares, con lo que supera los ingresos netos anuales de gigantes como
Netflix, que reportó ingresos de $45,000 millones en 2025”.
“Se espera que
solo el segmento de contenido para adultos en Realidad Virtual (VR) alcance los
$19,000 millones en 2026, representando el 22% del valor total del mercado
digital de este sector, siendo un motor clave del comercio electrónico y los
sistemas de pago digital. Esta industria crece a un ritmo anual del 9.0% y más del
60% de los usuarios acceden a este contenido a través de teléfonos inteligentes”.
Un dato
adicional. En diciembre de 2025, BluRadio menciona en su web que, según las
estadísticas anuales publicadas por la más grande plataforma de esta
“industria”, la participación femenina en el consumo de contenido para adultos
a nivel global aumentó 24 puntos porcentuales en los últimos diez años y las
cifras registradas en Colombia han tenido un aumento considerable,
convirtiéndose en el tercer país con más mujeres usuarias de la plataforma; prácticamente
igualaron el consumo de los hombres.
Eduardo J. León
Hernández
Marzo 11, 2026

No hay comentarios:
Publicar un comentario