domingo, 29 de marzo de 2026

EL PARALÍTICO DE BETHESDA Y LAZARO DE BETANIA

En estos días de cuaresma las lecturas han estado llenas de eventos que nos llevan a profundizar en la conveniencia de la Oración, del Ayuno bien entendido y de la Misericordia; ese debería ser nuestro objetivo todo el año. Esas lecturas tienen un claro mensaje, que, aun habiéndolo escuchado por años, la reflexión es diferente y cada vez más profunda.

Hay dos eventos que me han llegado y hasta modificado un poco lo pensaba de ellos, la forma como los había entendido previamente y esta visión la quiero compartir con ustedes.

Juan 5:5-9 menciona un hombre con edad y origen desconocidos, tenía 38 años paralitico y todo ese tiempo estuvo esperando su sanación junto a un estanque en Bethesda, cuya agua era curativa, solo cuando un ángel generaba su movimiento y quien llegaba primero al agua se sanaba. Algunos dicen que esto ocurría cuando aportaban agua al recipiente y otros los interpretan como fe popular, superstición. La teología lo usa como una lección de la gracia divina por encima de los rituales mágicos.

El hecho es que este hombre pasó 38 años tirado allí. No se sabe si su discapacidad era total, si afectaba brazos y piernas, pero si podía escuchar y hablar. ¿En esos 38 años estuvo allí por fe, simplemente esperando el milagro del agua o porque no podía hacer otra cosa? La escritura se enfoca en su imposibilidad de moverse y en la ilusión de la curación física, no habla de asistencia social, pero durante 38 años alguien debió darle una mínima alimentación para poder subsistir.

Jesús se acerca al discapacitado y le dice: ¿Quieres ser sanado? No le preguntó quién era, ni el tiempo que tenía en esa situación, simplemente le ofreció sanarlo, aquí llama la atención la respuesta “Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el agua es agitada y mientras llego, otro baja antes”, él ni siquiera contestó si, si quiero, probablemente pensó que Jesús podría quedarse allí y empujarlo al agua en el momento preciso. Sin embargo, Jesús le dijo “Levántate y anda”. No lo tocó, no mencionó haber visto fe en él, simplemente lo sanó de cuerpo y alma; Jesús no hace las cosas a medias. Como en muchos casos, lo hizo en Sábado y delante de los Judíos que permanentemente perseguían sus actos de bondad.  

¿Era ese hombre, con 38 años paralizado, un holgazán que prefirió vivir de las migajas que alguien le daba o realmente no podía hacer nada por él mismo? ¿Tenía o no fe en Dios? ¿Conocía al menos de oído a Jesús (el texto dice que no, pero ese estanque se hallaba en Jerusalén) y estaba esperando con una increíble paciencia ese milagro? ¿O ya estaba entregado a su miseria? Aquí hago un paréntesis de comparación.

Los venezolanos tenemos 27 años esperando otro tipo de milagros y los cubanos 67. Algunos han hecho mucho o algo para salir del marasmo y mantienen la fe, otros ya la han perdido, los de otro grupo no han hecho nada y viven conformados con las migajas que reciben o pueden conseguir y otro grupo ha salido del país a buscar oportunidades de vida. ¿Ves allí alguna similitud con este paralitico? Personalmente, en nuestras vidas, ¿Esperamos en Dios con fe y hacemos lo que nos corresponde o solo esperamos que “sea lo que Dios quiera”? Cuando llegue la tormenta al barco, pidamos la ayuda del Señor, pero no dejemos de actuar. Rememos el bote hasta donde podamos, el tiempo que sea y confiemos en Él; no podemos tirarnos en el piso del barco a esperarlo, el oleaje nos puede voltear.

Volviendo al paralitico, que ni se dignó a dar las gracias, Jesús le dice: has sido sanado, no peques más, para que no te suceda algo peor. Pareciera que Jesús sabía que su parálisis era producto de un evento de hacía 38 años y le pide que se arrepienta, que no tropiece de nuevo. Es de suponer que este paralitico no tenía familia, ni amigos que le ayudaran a llegar a la piscina, ¿habría alguna razón para ello? A diferencia del otro paralitico mencionado en Marcos 2:3-5 y Lucas 5:18-20, sus amigos lo bajaron por el techo para que Jesús lo sanara, ellos pusieron su fe y su esfuerzo para lograrlo. Cuando Jesús vio la gran confianza que aquellos hombres tenían en Él, le dijo al paralítico: «Amigo, te perdono tus pecados» y completó diciendo «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa», frente a unos maestros de la Ley que estaban presentes. Dios primero nos perdona y de allí se desprende nuestra sanidad o la solución de nuestros problemas. Estos dos casos también nos demuestran la importancia de nuestras amistades. Tener amigos con fe, que sean capaces de orar por nosotros, de llevarnos a donde a veces no podemos (o no queremos) es un acto precioso y poderoso, no tenerlos puede dificultar un poco el asunto, aunque siempre priva la Misericordia de Dios.    

Lázaro es un tema aparte. Como yo lo entiendo, era el mejor amigo de Jesús, debió conocerlo mejor que nadie. Lázaro no fue apóstol, si fue su discípulo y no hay una parte de la escritura donde se mencione que acompañara a Jesús en alguna de sus actividades. Todos sus encuentros y los suscitados con Marta y María, fueron en casa de Lázaro. Como dato curioso, era Jesús quien visitaba a Lázaro, porque además de esa gran amistad, probablemente la ubicación de su residencia en Betania, el tamaño de esta y la capacidad económica de la familia, eran parte de la logística, le permitía recibir a Jesús y a todos los que lo acompañaban en sus recorridos, siendo este uno de los aportes de Lázaro a la causa.

Lázaro y sus hermanas no eran “unos limpios”, según la tradición tenían recursos
y las escrituras permiten confirmarlo parcialmente, ya que eran dueños de un sepulcro familiar privado excavado en roca, cosa que solo familias con recursos podían pagar; además, recuerden que María compró un perfume de nardo costosísimo para ungir a Jesús.

Según la Biblia Jesús que lloró tres veces, pudieron ser más. Una de ellas cuando murió Lázaro y esto es un evento complejo, lleno de bemoles. Jesús sabía que su amigo iba a morir, sin embargo, se tardó para dejar Betábara, donde recibió noticias de Lázaro, desde allí había un día de camino y Jesús se demoró dos en salir. Él mismo dijo a sus compañeros “Esa enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios", luego les dice "Lázaro duerme, más voy para despertarle", pero después les informa: "Lázaro ha muerto". Confusión total.

Marta sale al encuentro de Jesús. Le pregunta porque no vino antes, Jesús le dice que Lázaro resucitará y ella replica, “lo se Señor, resucitará el día final”. Busca a su hermana María y esta corre a Jesús, se postra a sus pies, llorando amargamente. Jesús al ver a María también lloró, se conmovió de manera visible, quienes estaban cerca comentaban: Miren como lo amaba. Y es que Jesús también tiene sentimientos, se compadece de su prójimo, de María. Jesús es Hombre – Dios, tiene los genes de María su madre y heredó su fragilidad humana. Aquí también vemos la fe de Marta y María, su capacidad de esperar en el Señor, siendo “mejores amigos” no le reprocharon el no haber estado allí, se lo dijeron, pero sin pretender culparlo.

Jesús ruega a su Padre, se acerca, pide que abran la tumba y le ordena a Lázaro que salga; su cuerpo ya tenía cuatro días sin vida y el olor lo confirmaba. Cuando Lázaro va a salir, Jesús pide que lo libren de las ataduras que tenía en los pies y las manos, práctica de la época para mantener el cuerpo recogido y en una postura digna.

Jesús llora y luego lo resucita. ¿Si sabía lo que iba a ocurrir, por qué llora?; lo hace por amor y empatía. Pide que lo desaten ¿Cuántas ataduras no nos dejan vivir? 

Estudiosos del tema afirman que la demora de Jesús esperando dos días más para salir fue a propósito. Por eso Jesús dice que esa enfermedad no era para muerte, sino "para la gloria de Dios". Si hubiera salido de inmediato, habría sanado a un enfermo, no resucitado a un muerto, que era un milagro mucho mayor. Por otro lado, ya Lázaro tendría cuatro días muerto, contradiciendo la idea judía de que en ese periodo de tiempo ya el cuerpo había perdido el alma y estaba totalmente destruido.

Este fue un acto que aumentó la fe de muchos, pero también intensificó la persecución contra Jesús. La resurrección de Lázaro, según la biblia, fue la tercera que realizó Jesús, luego de la hija de Jairo y el hijo de la viuda de Naín y se convirtió prácticamente en la última gota que rebozó el vaso y llevó al Sanedrín a completar la idea de acabar con Jesús. Lázaro se convierte en la prueba viviente del poder de Jesús y también en un perseguido por esa misma causa.  

Lázaro, Jesús y todos sus amigos tuvieron una cena en Betania luego de su resurrección, justo un día antes del Domingo de Ramos y pocos días antes de la pascua. En ese mismo evento María ungió a Jesús con el perfume de Nardo ¿Fue esa su manera de agradecerle por la vida de su hermano o una delicada despedida para Jesús? Yo no lo se, pero su gesto fue maravilloso.

Que vemos en estos relatos. 1.- Fe y esperanza (espera con confianza). 2.- La importancia de tener amigos que te apoyen, que se preocupen por ti, que te cuiden y a ser recíprocos. 3.- La necesidad de la acción por parte nuestra, bien sea para ayudarnos o para ayudar y servir a los demás, sin querer ser protagonistas, ni destacar esas acciones; Dios las ve. 4.- Entender que Dios sabe lo que sentimos, porque además de estar con cada uno, aprendió a sentir como nosotros a través de Jesús. 5.- Que ser rico o pobre no es lo importante para Dios, si no lo que hay en cada corazón. 6.- La importancia del agradecimiento. Los paralíticos se levantaron y se fueron, sin manifestar gratitud. Lázaro con seguridad abrazó a Jesús y cenó con él días después de volver a la vida. María probablemente gastó buena parte de sus ahorros para agradecerle, cubriéndolo de un maravilloso olor a Nardo, por la vida de su hermano, quien irónicamente volvió a la vida para convertirse en un perseguido, por ser beneficiario de un milagro. 7.- La misericordia de Jesús. Él llora porque ve a María sufrir, sana a un paralitico que le traen sus amigos y a otro que estaba tirado en el suelo; todo eso por ser capaz de sentir, de amar, de querer ayudar al prójimo, siempre para Gloria de Dios, que es lo que se nos pide cada día.

Hoy Domingo de Ramos, inicio de esta semana que cada año viene a nosotros, reflexionemos en cual de estos personajes nos vemos reflejados. Sobre cuáles de las actitudes que se destacan se corresponden con las nuestras. En que momento has hecho algo similar a lo aquí ocurrido, que consciente o sin saberlo, has podido ayudar a alguien a “volver a la vida”, apoyándole con una oración, con una palabra o simplemente escuchándolo, pero también a quien has podido destruir con tus acciones.

El amor no es solo un sentimiento, una simple expresión, no son pensamientos y mariposas en el estómago. Amar son emociones y comportamientos intensos de afecto, protección y respeto hacia otra persona. Amar es una decisión, una acción consciente que impulsa la conexión, la ayuda, la empatía, el compromiso y el bienestar.

Como dice San Pablo 1 Corintios 13, “El amor no es un sentimiento pasivo, son acciones concretas”.

¿Qué tan concreto es tu amor?

 

Eduardo J. León Hernández

Barranquilla

Marzo 29, 2026


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