domingo, 23 de noviembre de 2025

A DIOS NO LE TEMO, LO AMO.

 

Imagen Gemini

El primer mandamiento de la ley de Dios, de esa decena de preceptos entregados al profeta Moisés en el monte Sinaí, es: Amarás a Dios sobre todas las cosas. ¿Pero que es amar? ¿Y Cómo se ama a Dios?

El amor es un sentimiento complejo que involucra afecto, conexión y compromiso, manifestándose en múltiples formas como el amor romántico, el familiar o filial, el de amistad y el amor propio.

Desde el punto de vista biológico, el amor está asociado con la liberación de dopamina y oxitocina, que generan sensaciones de placer y recompensa, mientras qué desde una perspectiva más amplia, es uno de los valores humanos más importantes (si no el principal), que impulsa compasión, lealtad, generosidad y convivencia. Implica enlace y apego, cuidado y respeto, es un profundo afecto y deseo de proteger y apoyar a otra persona. También es un motor que mueve la humildad, la empatía y el compromiso. En los mecanismos cerebrales, el amor está relacionado con las emociones positivas y desactiva otras asociadas al miedo y al juicio crítico. Esto último es clave y me encanta. 

En la función evolutiva, el amor de pareja y el amor filial, es fundamental para la supervivencia de la especie, ya que fomenta la reproducción y el cuidado de las crías, aunque por allí también están apareciendo seres, que a veces creo son extraterrestres, quienes dicen que la familia como estructura ya no tiene sentido; pobre gente.  

Hay formas de catalogar el amor. El romántico, la atracción sexual y relaciones de pareja. El filial, el existente entre padres e hijos. El fraternal, afecto entre hermanos o amigos. El amor propio, valoración y respeto hacia uno mismo, y el platónico, es ese idealista, espiritual y para nada sexual; Platón creo que ya tenía problemas con lo otro. Podemos conseguir muchas otras categorizaciones, dependiendo de la distancia, del “número de participantes”, del lugar, su duración, etc. También está la biofilia o petofilia, amor a los animales o las mascotas, la dendrofilia, amor a los árboles y tenemos la mecanofilia, que no es el amor al mecánico (aunque así nombren algunos a su cuchicuchi en el celular) describe el amor a los vehículos y estaríamos horas aquí agregándole el “filia” a cuanta vaina se nos ocurra y creando sustantivos infinitos que pudieran o no describir amor por alguien o algo, real e imaginario, de este planeta o de otro.

Eso me lleva a preguntarme: ¿Que es realmente el amor? ¿Una sensación? ¿Un pensamiento? ¿Una acción o una decisión? Es bien difícil definir algo que no se puede medir, ni tocar, que no tiene color, así pinten corazones de rojo, tampoco olor, ni es posible degustar o sentir su temperatura, ni percibir su nivel de suavidad, dureza o rugosidad.

Muchos has descrito el amor en poemas, canciones, películas, obras de teatro, pero también lo lanzan en miradas, besos, en un abrazo, una caricia, en un gran ramo de flores o en una simple rosa, cualquier cosa que entregas, que regalas, físico o no, puede representar o ser amor.   

El amor es un concepto tan variado y complejo, que es imposible cualquier definición única; su naturaleza es tan personal que cada individuo experimenta y tal vez comprenda su propio significado.

Aquí es donde me pregunto: ¿Cómo puedo yo saber, a pesar de conocer lo que siento, percibo o regalo, si realmente amo a Dios? ¿Por el hecho de cumplir los mandamientos ya amo a Dios? El soldado puede obedecer al pie de la letra las ordenes de su sargento, pero eso no significa que lo ama, solo obedece.

Yo creo en Dios, porque siento que existe. Yo confió en Dios, porque me ha apoyado cuando lo he necesitado, he sentido que está allí y que no me engaña. Creo y confío en Dios porque si, porqué me da la gana. ¿Pero cómo puedo saber que lo amo? ¿Como mido eso? ¿Es solo con pensarlo y sentirlo que lo compruebo? ¿Basta con cumplir con lo que pauta mi religión? ¿Es ayudando a mi hermano, al prójimo que demuestro mi amor por Dios y por mi prójimo? ¿Pero a quien se lo demuestro, a los demás o a mi mismo? ¿Estoy seguro de que Dios me está viendo y anotando esos puntos a mi favor y es eso lo que le demuestra a Él que lo amo? ¿Es más, de verdad Dios necesita que yo lo ame? ¿Le hace falta a él para vivir, para ser feliz? ¿Se deprime Dios cuando Él siente o comprueba que no lo amo? ¿Seré yo tan importante para Él? ¿Cómo saber que amo a Dios sobre todas las cosas? ¿Seré yo capaz de entregar mi vida por defender a Dios? 

Todo lo anterior son muchas preguntas que cada persona, que cree en Dios, responderá de manera diferente, única. ¿Y los que no creen en Dios, sienten, comparten y viven con amor?  Por supuesto que sí. Hay seres muy malos, malvados como dicen en las películas, delincuentes y depravados, que sin duda aman a sus hijos, a su manera; ¿O es que hay alguna forma de saber que eso no es así? ¿Quién lo mide y nos pasa ese reporte? Es un tema complicado, de todos los días, porqué si algo hace falta en este mundo, es amor.

Cada persona tiene sus colores y sabores preferidos y así mismo tiene amigos con quien quiere compartir más que con otros. Los amigos tienen diversos niveles: algunos están lejos y aun cuando su ausencia se siente, están allí siempre. Otros están cerca, siendo unos pocos compañeros constantes y otros con comunicación frecuente, pero la intimidad menor. El resto, aquellos que están a la espera de un momento, quizás no pasen de ser meros conocidos. 

Ser conocido o ser amigo, son tan diferentes como el querer y el amar de la canción cantada por José José: “El querer pronto puede acabar, el amor no conoce el final. Casi todos sabemos querer, pero pocos sabemos amar”. 

En una anécdota que leí o escuché, un señor le quita la vida de un disparo a un ladrón que se metió en su casa, pero él no tenía permiso para portar la pistola que utilizó. Muy nervioso, llamó a un primo abogado y le comentó lo ocurrido. Ante semejante hecho, este le recomendó que llamara a la policía y se entregara, que él luego pasaba por la comisaría para tratar de ayudarlo. Como no quedó convencido con ese ofrecimiento, llamó a un gran amigo y este le dijo: ” NO hagas nada, ya voy para allá” y en 15 minutos se apareció con dos palas, cuatro galones de cloro, más varios pares de guantes y le dijo, tranquilo amigo mío, aquí estoy para ayudarte.

En esa historia, que es solo eso, no una invitación a comportarse de una forma u otra. ¿Quién mostró más empatía?: ¿El primo o el amigo? ¿Cuál de los dos se siente más cercano? ¿Quién se expone más, por el simple, pero maravilloso hecho de ayudar a su amigo? El amigo está dispuesto a sufrir, el primo no quiere compromiso, es más, ni siquiera se ofreció a acompañarlo.

El vínculo filial no define un mayor amor. Hay amigos con los que contamos más que con nuestra propia familia; eso es una verdad tan grande y fuerte como los rayos del Catatumbo.    

Yo no le temo a Dios, porque un Padre amoroso no le hace daño a su hijo. No le temo a Dios, porque un verdadero amigo siempre está o se siente cercano y me apoya. ¿Si Jesús entregó su vida para salvarnos, que mayor muestra de amor real y sincero queremos? Y además nos dejó su Santo Espíritu, para guiarnos y protegernos. Yo no le temo a Dios, porque Dios es amor y el amor siempre es bueno, sea cual sea su forma, tamaño o condición.

A Dios le tengo respeto, como debemos hacerlo con todo buen padre, madre, abuelo, tío o amigo. La Primera Epístola de Juan dice: 1 Juan 4:8: "El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor". 1 Juan 4:16: "Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él". 

La frase "Dios es amor" no significa que el amor sea Dios, sino que el amor es la esencia misma de la naturaleza y el carácter de Dios. Todo lo que Dios hace está motivado por su amor, que a su vez es Sacrificial, ya que entregó a su propio hijo por nuestra salvación. Es Incondicional y transformador. Si alguien dice amar a Dios, pero no ama a su prójimo, es un mentiroso. 

El amor es un atributo esencial de Dios, que define su ser y su interacción con el mundo. Siendo Dios la encarnación del amor, ¿por qué deberíamos temerle y cómo podríamos no amarlo? 

La familia se tiene, el amigo se gana. Dios es Padre y Amigo, uno verdadero que NUNCA nos traiciona.

"Dios es único para cada uno, así como única es la forma en que cada quien lo ama."


Eduardo J. León Hernández

Barranquilla
Noviembre 23, 2025

viernes, 7 de noviembre de 2025

MÉDICOS, POLICÍAS Y MILITARES: ¿NECESITAN DESCANSO?

 Vocación vs Responsabilidad.

Toda persona que realice una labor, la que sea, necesita descansar. Hasta quienes no trabajan o quienes se ejercitan físicamente o juegan en un teléfono necesitan un descanso, es una exigencia del cuerpo y la mente. Sin embargo, no todos descansamos de la misma manera, ni en los mismos tiempos.

Quienes nos formamos en décadas pasadas en alguna firma de contaduría importante, recibimos enseñanzas muy productivas que en su gran mayoría provenían de los gerentes y socios de la propia firma. En nuestro mundo, trabajar allí daba estatus, se pasaba a ser parte de un selecto grupo, era casi elitésco; algo así como mirar a un médico, pero eso tenía un alto costo en sacrificio personal y laboral. La mayoría de las personas que entraban en esas firmas sabía del nivel de exigencia que tenía pertenecer a esas organizaciones; quien no daba la talla, en uno o dos años ya no estaba.

Allí era mandatorio adaptarse a un tren de trabajo especial. Se debía tener mucho interés, aguante y fortaleza para luchar con la presión; era una eterna carrera contra el tiempo que, por supuesto, generaba angustia y ansiedad. Los niveles de rotación eran muy altos, en 1.984 entramos unas 100 personas y dos temporadas más tarde quedaba menos de la mitad, esto estaba concebido así en este negocio. Todo el que ingresaba pasaba por un riguroso filtro: la firma no solo tenía interés en gente preparada, también le interesaba que soportara el fuelle.

Para que tengan una idea de lo “particular” que era, cuando fui a mi primer cliente el encargado del trabajo revisó mi horario de clases de la universidad y me dijo serenamente: "A estas tres materias NO vas a ir, o al menos no todos los días que te toca, aquí vas a aprender más que en la universidad". Yo no protesté, callé mi boca, aunque no mi mente, para rumiarlo; pocas semanas después empecé a entender que esa era la rutina de la profesión que escogí, en ese tipo de empresas. La alta rotación era un factor previsto; era consustancial a la naturaleza de esta actividad.

Entre mis descendientes directos hay un médico especialista en cirugía general, que además de ejercer su profesión, es docente universitario y atiende alumnos y residentes de postgrado. Su formación como especialista fue en uno de los hospitales más grandes disponibles, donde tuvo elevados estándares de exigencia y altísimos niveles de presión, algo que sabía muy bien antes de ingresar. Era muy duro ver cómo enfrentaba los sacrificios en el posgrado. En ocasiones pasaban días que la familia no le veía la cara; apenas hablábamos por teléfono o cuando íbamos a medianoche a llevarles comida al hospital. Los equipos a los que pertenecía recibieron y resistieron una formación férrea, que alguien diría exagerada, pero eso le ayudó a formar carácter y a "aprender en vivo": no solo de un libro, sino tratando, hablando, conociendo y tocando a los pacientes, había una empatía especial y necesaria, hasta compartía sus alegrías y sus tristezas. Hoy, estudia para estar al día, trabaja con y para sus pacientes, y además lidia con sus estudiantes. Tristemente, nota que estas nuevas generaciones de estudiantes de medicina, en un buen porcentaje, no han entendido dónde se han metido.

Cambios de carácter o lugar equivocado.

En los últimos dos o tres años, en Colombia, ha habido una serie de eventos protagonizados por algunos estudiantes de medicina que acusan a sus profesores o superiores por malos tratos, por ser demasiado exigentes, por tener que cumplir turnos prolongados y no tener días de descanso después de una guardia. Yo no estoy diciendo aquí que no tengan derecho al descanso, ni más faltaba. El tema es que la profesión que escogieron es así, el sistema de salud es así. Las exigencias de los pacientes son extremas y una enfermedad, un accidente o una emergencia no espera, puede costar una vida.

¿Pueden ustedes imaginar a un astronauta con claustrofobia? Y que tal un soldado o policía de inteligencia en zonas de conflicto como Nariño, Cauca o Norte de Santander, diciéndole a su jefe: "Listo sargento, ya tengo 12 horas aquí, nos vemos pasado mañana". Igual no puede un médico dar por terminado su turno si justo en ese momento llega un paciente que necesita atención y es necesario llevarlo a quirófano; "tiene que hacerlo", para eso estudió. Además de ser un tema de humanidad, esa es la carrera que escogió, como lo hizo el militar o el policía que se mete en el monte.

Aquí es donde yo pregunto a esos estudiantes y a sus profesores: ¿Cómo van a aprender a manejar situaciones complejas si no las viven? ¿Cómo pretenden ser excelentes médicos si no se esfuerzan? Los atletas se forman en la pista, corriendo hasta el cansancio, con constancia y disciplina, hasta que ellos mismos se superan; no tienen un horario de salida, solo tienen una meta. El que no resista el trote, sencillamente cambie de circuito y dele la oportunidad a otro que si pueda.

Conozco médicos que tomaron caminos menos críticos; hoy son maravillosos dermatólogos, otorrinos y neurólogos. Otros son patólogos forenses, donde no hay emergencias. Todo eso está muy bien, se necesitan médicos de todas las especialidades. Sin embargo, en determinadas áreas de la medicina, como la de los intensivistas, cirujanos, obstetras, anestesiólogos, etc., el sacrificio adicional, las malas noches, los turnos nocturnos y los extendidos, que ciertamente son muy mal pagados, son inherentes a la profesión.

Permisividad e Inconveniencia

Siendo así, no es posible permitir que estudiantes que no sean capaces de resistir la presión y de aprender a entregar parte de sí mismos para salvar una vida lleguen a ocupar estos puestos. Las universidades, por tanto, deben ser extremadamente estrictas primero en la selección y luego en el seguimiento durante la formación de esos futuros especialistas. ¿Se montarían ustedes en un avión sabiendo que el piloto tiene miedo a las tormentas y que no ha completado las horas de vuelo requeridas?

Resulta perjudicial y poco recomendable que personas que no están realmente preparadas o no son aptas accedan a estos cargos, e incluso obtengan su titulación cumpliendo apenas con unos "estándares mínimos". 

Quien no tenga la vocación, quien realmente no tiene un llamado firme para cosas tan serias, no debe tomar ese camino, ni dejarse presionar por sus padres. Las facultades de medicina NO pueden darse el lujo de graduar médicos que no tienen la vocación y la aptitud para ello, que no soportan la presión o no quieren soportarla, porque de eso también hay.

Cambios en el Sistema o en las Expectativas

Si bien el sistema probablemente necesite varias correcciones, no estamos hablando de suavizarlo para adaptarlo a quienes no tienen las condiciones. Es sencillamente sincerar las expectativas sobre los vocacionales, equiparables con el alto riesgo del piloto, el astronauta, el militar o el policía y esto aplica para todo el personal del sector, no solo para los médicos.

El delicado tema de la depresión y la ansiedad, que ha sido reflejada en muchos casos conocidos y en otros solapados, también está presente en este gremio. Es bien sabido que hoy día buena parte de la población padece de esta condición mental, muchas veces incapacitante, pero también tratable, cuando se tiene la confianza de expresarlo.

Sin embargo, la presión, más el alto nivel de exigencia y de trabajo, exacerba esas condiciones y el no tomar medidas a tiempo, es lo que realmente ha generado la inclinación al suicidio de algunos estudiantes y repito, la solución no es adaptar el sistema a las "necesidades del sujeto". Es necesario profundizar en cada caso y que estas condiciones no sean ocultadas, no es un pecado sufrir de ello, pero si eso no le permite tener la ejecución profesional que se exige, la misma persona debe convencerse de la conveniencia de seguir o no y de buscar la ayuda necesaria, así mismo, las instituciones educativas deben colaborar con ella y actuar en su beneficio. 

Los soldados de cristal no van a la guerra y si participan, lo hacen desde labores administrativas o logísticas, que son igual de importantes, pero nunca toman un fusil.

Por otro lado, la calidad profesional debe primar sobre lo financiero. Es inaceptable que un ingreso eclipse el error de certificar a alguien no totalmente apto, arriesgando vidas, cuando no se excluyen de estos programas a estudiantes que no dan la talla, por temor a demandas o porque representan una fuente de ingresos para la institución educativa. 

Paralelamente, las asociaciones gremiales médicas y las academias deben asumir un rol proactivo para dignificar el entorno laboral, asegurando mejores compensaciones salariales y una deseada reducción de las extenuantes jornadas ininterrumpidas. Es imperativo que el sector salud, quienes lo viven y conforman, tomen las riendas de estas reformas, en lugar de delegarlas a la esfera política, donde históricamente se han diluido.

 

Eduardo J. León Hernández

Barranquilla
Noviembre 07, 2025

A DIOS NO LE TEMO, LO AMO.

  Imagen Gemini El primer mandamiento de la ley de Dios, de esa decena de preceptos entregados al profeta Moisés en el monte Sinaí, es: Amar...